Las movilizaciones del 14 de octubre se realizaron en más de diez ciudades, pero la concurrencia en Bogotá y las imágenes de la Plaza de Bolívar provocaron cuestionamientos contra los sectores de izquierda que impulsaron la jornada. María Fernanda Cabal calificó la marcha de fracaso, aunque hasta la tarde no se conocía un balance oficial nacional de participantes.
La primera gran jornada de protestas contra el Gobierno de Abelardo De La Espriella terminó en medio de cuestionamientos políticos sobre la capacidad de convocatoria de la oposición. El expresidente Gustavo Petro y el senador Iván Cepeda respaldaron las movilizaciones del miércoles 14 de octubre, en las que sindicatos, docentes, estudiantes y diferentes sectores sociales salieron a las calles para expresar su rechazo a las políticas del nuevo Gobierno.
Sin embargo, la asistencia registrada en Bogotá, especialmente en la Plaza de Bolívar, se convirtió en uno de los principales motivos de discusión. Desde sectores de derecha surgieron críticas contra los promotores de la jornada, a la que calificaron como un fracaso por no mostrar, según sus apreciaciones, la magnitud de respaldo que esperaban de la oposición.
Una de las voces más críticas fue la senadora María Fernanda Cabal, quien cuestionó la concurrencia y aseguró que la movilización no logró llenar ni la mitad de la Plaza de Bolívar. La congresista también lanzó señalamientos sobre una supuesta presión a funcionarios públicos y el financiamiento del traslado de indígenas, afirmaciones que deben entenderse como acusaciones políticas y no como hechos oficialmente comprobados.
Petro y Cepeda, en el centro de la convocatoria
Las protestas fueron promovidas por centrales sindicales, organizaciones sociales y sectores de oposición al Gobierno de De La Espriella. Petro anunció que participaría para defender, entre otros puntos, el salario mínimo y rechazar lo que considera políticas favorables a los grandes negocios extranjeros. Cepeda también se sumó a la movilización en Bogotá y cuestionó las medidas del Ejecutivo relacionadas con la protesta social.
Los convocantes defendieron la jornada como una expresión de rechazo a decisiones gubernamentales en asuntos laborales, educativos, económicos y sociales. Entre las inconformidades también estuvieron los anuncios de recortes a instituciones públicas y las preocupaciones sobre las garantías para ejercer el derecho a la protesta.
No obstante, el balance político de la jornada quedó marcado por la controversia sobre la cantidad de asistentes. Para los críticos de la izquierda, la movilización no habría demostrado la fuerza popular que sus promotores buscaban proyectar; para sus participantes, las marchas representaron una manifestación legítima de inconformidad frente al nuevo Gobierno.
La lluvia también marcó la jornada en Bogotá
En la capital, varias movilizaciones avanzaron con el propósito de confluir en la Plaza de Bolívar. Durante la tarde, un fuerte aguacero acompañado de granizo sorprendió a quienes se encontraban en el lugar y llevó a algunos manifestantes a buscar refugio.
La escena fue utilizada por críticos de la jornada para reforzar sus cuestionamientos. Cabal escribió que, sin funcionarios públicos presionados para marchar ni contratos para financiar el traslado de indígenas —señalamientos formulados por ella—, la movilización no habría logrado llenar ni la mitad de la plaza. También afirmó que los asistentes no resistieron el aguacero.
Hubo marchas en más de diez ciudades
Pese a las críticas sobre la asistencia en Bogotá, las movilizaciones no se limitaron a la capital. De acuerdo con los reportes publicados durante la jornada, también hubo concentraciones en ciudades como Medellín, Bucaramanga, Ibagué, Manizales, Montería, Santa Marta, Cúcuta, Tunja, Pasto y Armenia, entre otras.
Las protestas generaron afectaciones a la movilidad en Bogotá. TransMilenio reportó cientos de miles de usuarios afectados por los cierres y desvíos asociados a las manifestaciones, mientras que los reportes disponibles durante la tarde señalaban que no se habían presentado enfrentamientos generalizados.
Hasta ese momento, no se había divulgado una cifra oficial nacional que permitiera establecer con precisión cuántas personas participaron en todas las ciudades. Por eso, la palabra “fracaso” corresponde al balance y la valoración de sectores críticos, no a una conclusión respaldada por un conteo oficial definitivo.
La jornada dejó así un doble escenario: por un lado, la oposición logró movilizaciones en diferentes regiones del país; por otro, sus críticos aprovecharon las imágenes de Bogotá y la asistencia observada en la Plaza de Bolívar para cuestionar el alcance de la convocatoria respaldada por Petro y Cepeda.
El debate queda abierto sobre la capacidad de la izquierda para convocar a sus bases frente al Gobierno de De La Espriella. Por ahora, las críticas por la asistencia se convirtieron en uno de los principales saldos políticos de las marchas del 14 de octubre.












