NÉSTOR HUMBERTO MARTÍNEZ
Por años, Colombia se posicionó como la tierra de la felicidad, sin embargo el panorama ha cambiado.
Para celebrar el Día Internacional de la Felicidad, la semana anterior se dio a conocer el ‘Informe mundial de la felicidad’ correspondiente al año 2024. Se trata de un estudio técnico de nivel global que cuenta con el aval de Naciones Unidas, la Universidad de Oxford, Gallup, el Centro para el Desarrollo Sostenible de la Universidad de Columbia y otras prestigiosas universidades estadounidenses y europeas.
El estudio se elabora desde el 2012 y considera varios factores, entre los cuales se destacan el desempeño del PIB, la esperanza de vida, la sensación de libertad, la seguridad laboral, la percepción de corrupción, la benevolencia con los inmigrantes, los cuidados a otras personas y la caridad. Según la encuesta mundial de Gallup para el año pasado, Colombia ahora está en el puesto 61 entre 140 naciones y ocupa el decimotercer lugar a nivel regional.
Este resultado contrasta con la situación de nuestro país, años atrás. A finales del 2021, según la encuesta de Gallup, Colombia era considerada la nación en la que más personas se consideraban felices: el 83 % de los compatriotas indagados indicaban para la época que eran muy felices o felices. Si bien los resultados de entonces eran sorprendentes para muchos, al menos eran constantes en el tiempo. Desde los años 2012 y 2013 Colombia ya era distinguida por el barómetro global como el país más feliz de la Tierra, a pesar de ser caracterizada también por su violencia, algo realmente contradictorio.
Independientemente de las reservas que genere en distintos sectores la metodología de la investigación, lo cierto es que de manera consistente la encuesta global nos posicionó por muchos años como la tierra de la felicidad. Pero las cosas han cambiado en estos últimos años y ahora estamos en la parte media del ‘ranking’ mundial. Las explicaciones a esta realidad brotan con creces. Para empezar, cada vez más nos caracterizamos como una nación fracturada. El liderazgo del Gobierno se usa para dividir y confrontar, con lo cual el concepto de unidad y de objetivos comunes como sociedad se resquebraja. Con angustia de supervivencia, el poder busca legitimidad en unos, para lo cual alimenta el odio frente a los otros.
Las noticias dan cuenta del creciente dolor de millones de compatriotas, desplazados, amenazados y confinados en distintas regiones del país, en las que la ley dejó de ser factor de convivencia social, sin que por otro lado se estime que el orden vendrá de la mano de la autoridad. Los organismos internacionales hablan de la mayor crisis humanitaria de la historia.
Cada vez más nos caracterizamos como una nación fracturada. El liderazgo del Gobierno se usa para dividir y confrontar, con lo cual el concepto de unidad y de objetivos comunes como sociedad se resquebraja
Los jóvenes miran el futuro con desesperanza. Las estadísticas muestran su creciente movilidad hacia el exterior, buscando futuro. No puede ser de otra manera si se les niega hasta el financiamiento estatal de su formación académica.
La percepción sobre la inseguridad ciudadana es creciente. Los hogares estiman que la calle es un factor de riesgo real, a partir del hurto, la extorsión que se tomó la ciudades grandes, pequeñas y medianas y los cada vez más frecuentes actos terroristas en barrios comunes, sin que se estime que hay medidas eficaces para superar la situación.
El sistema de salud se deteriora inmisericorde e irresponsablemente, en medio de debates estériles sobre la política pública. Crece la deuda del Gobierno con los hospitales, llevándolos a la quiebra, a diario se sindica a las EPS de todos los males, poco conmueven las noticias sobre el cierre permanente de clínicas y centros de salud, los medicamentos no llegan a los enfermos y progresivamente se pierde calidad en la prestación del servicio.
Y se expande el sentimiento de que se favorece la criminalidad, antes que a los ciudadanos de bien. No por otra razón el canal público de televisión, que se fundó en los años cincuenta como un canal educativo, hace ahora apología de la violencia, con homenajes a ‘Tirofijo’.
Aunque hay razones que explican por qué nuestros rostros son cada vez más adustos, no puede olvidarse que la esperanza está en la esquina del 2026.
Taponazo. El gran ganador de las encuestas presidenciales es el 0,5 % de intención de voto. ¿Hasta cuándo?
NÉSTOR HUMBERTO MARTÍNEZ NEIRA