Las cifras preliminares de audiencia del show de medio tiempo del Super Bowl encendieron las alarmas en la industria del entretenimiento: la presentación de Bad Bunny registró un desplome del 39 % frente al espectáculo del año anterior.
De acuerdo con los datos conocidos hasta ahora, solo 26,5 millones de hogares sintonizaron el show de medio tiempo, mientras que 48,6 millones permanecían viendo el partido en ese mismo momento. La diferencia es contundente: casi la mitad de los estadounidenses apagó el televisor o cambió de canal durante el halftime.
El contraste entre la audiencia del partido y la del espectáculo musical evidencia un rechazo masivo del público al formato y al artista elegido, dejando en entredicho las decisiones de producción del evento deportivo más importante de Estados Unidos.
El dato resulta aún más relevante si se tiene en cuenta que el Super Bowl históricamente concentra una de las mayores audiencias televisivas del planeta, y que el show de medio tiempo suele ser uno de sus principales atractivos comerciales y culturales. En esta ocasión, sin embargo, los números reflejan una desconexión clara entre la propuesta artística y el gusto mayoritario del público.
Aunque se trata de cifras preliminares, el desplome marca uno de los peores desempeños recientes de un espectáculo de medio tiempo y reabre el debate sobre la politización cultural, la imposición de agendas y la pérdida de conexión con las audiencias tradicionales.










