El actual mandatario se consolida como el único líder de la izquierda democrática en el continente tras su triunfo del domingo.
Luiz Inácio Lula da Silva, el antiguo obrero metalúrgico que se convirtió en uno de los dirigentes más reconocidos de América Latina, ganó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil al derrotar a Flávio Bolsonaro con 51,76 % de los votos válidos, frente al 48,24 % del senador, según el conteo del Tribunal Superior Electoral (TSE) con 99,77 % de las urnas contabilizadas. El resultado le permitirá continuar en el Palacio de Planalto durante un cuarto periodo, tras una campaña marcada por la polarización política.
A sus 80 años, Lula vuelve a protagonizar una de las etapas más singulares de su carrera: regresar a las urnas después de haber gobernado Brasil en tres ocasiones y enfrentarse nuevamente al movimiento político de Jair Bolsonaro, el expresidente que perdió frente a él en 2022.
Su trayectoria está atravesada por la defensa de los derechos laborales, la expansión de los programas sociales, las controversias judiciales y una capacidad de supervivencia política que lo ha mantenido en el centro de la vida pública brasileña durante décadas.
Del taller mecánico al poder
Nacido el 27 de octubre de 1945 en el estado de Pernambuco, en el nordeste de Brasil, Lula creció en una familia numerosa que emigró a São Paulo en busca de mejores condiciones de vida. Durante su infancia trabajó en distintos oficios y, a los 14 años, comenzó su formación como tornero mecánico.
La industria metalúrgica sería el punto de partida de una carrera que terminaría llevándolo a la Presidencia.
En São Bernardo do Campo, una ciudad industrial del área metropolitana de São Paulo, se vinculó al movimiento sindical. En 1975 asumió la presidencia del Sindicato de los Metalúrgicos de São Bernardo do Campo y Diadema, desde donde adquirió notoriedad por su participación en las huelgas obreras de finales de los años setenta, durante la dictadura militar.
En 1980 fue uno de los fundadores del Partido de los Trabajadores (PT), una organización que reunió a sindicalistas, intelectuales y movimientos sociales. Su primera candidatura presidencial llegó en 1989, pero perdió frente a Fernando Collor de Mello. También fue derrotado en 1994 y 1998, antes de conseguir la victoria en 2002.
Durante sus dos primeros mandatos, entre 2003 y 2010, su administración impulsó iniciativas como Bolsa Família y políticas destinadas a combatir el hambre y reducir la pobreza. El crecimiento económico y el contexto internacional favorable también contribuyeron a los resultados de aquel periodo. Al terminar su segundo mandato, Lula había consolidado una presencia internacional que trascendía las fronteras de Brasil.
La caída y el regreso
Su carrera no estuvo exenta de controversias. Las investigaciones de la operación Lava Jato lo llevaron a ser condenado en 2017 por corrupción y lavado de dinero. En 2018 ingresó en prisión, donde permaneció 580 días, y quedó impedido de participar en las elecciones de ese año.
En 2021, el Supremo Tribunal Federal anuló sus condenas al determinar que el tribunal de Curitiba carecía de competencia para juzgar esos casos. En otro fallo, declaró parcial al entonces juez Sergio Moro en uno de los procesos.
Las decisiones le devolvieron sus derechos políticos y abrieron el camino para su regreso electoral, aunque no equivalieron a una absolución de fondo de todas las acusaciones.
En 2022, Lula derrotó a Jair Bolsonaro por un margen estrecho y asumió su tercer mandato presidencial el 1 de enero de 2023.
Su regreso estuvo acompañado de una agenda enfocada en políticas sociales, protección ambiental y recuperación de las relaciones diplomáticas con otros países. Sin embargo, su administración también tuvo que lidiar con diferencias políticas en el Congreso, debates fiscales y una oposición que mantuvo una presencia importante en la vida pública.
La campaña de 2026 volvió a enfrentar dos proyectos políticos distintos. Lula defendió la continuidad de sus programas sociales y su apuesta por el multilateralismo, mientras Flávio Bolsonaro buscó capitalizar la base electoral construida por su padre y planteó un cambio de orientación política.
La confrontación también estuvo atravesada por las discusiones sobre seguridad, economía, gasto público y el papel de Brasil en el escenario internacional. La polarización entre el Partido de los Trabajadores y el bolsonarismo volvió a ocupar un lugar central en la contienda.
Con su victoria, Lula asumirá un nuevo capítulo en una carrera que comenzó en las fábricas y pasó por las huelgas sindicales, tres derrotas presidenciales, dos primeros mandatos, una condena anulada y un regreso al poder. El resultado también prolongará el debate sobre el alcance de sus políticas sociales y la capacidad de su coalición para gobernar un país con profundas diferencias políticas.
El nuevo mandato comenzará el 1 de enero de 2027, de acuerdo con el calendario constitucional brasileño.
Para Lula, la victoria supone otra oportunidad de defender su legado; para Brasil, abre una nueva etapa de gobierno en la que las promesas de campaña tendrían que enfrentarse a las exigencias económicas, sociales e institucionales del país.











