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Editorial | Petro y Cepeda fracasaron. De La Espriella es la puerta a un país seguro y con fé en el mañana

La primera vuelta presidencial dejó una conclusión imposible de ocultar: la mentirosa y delincuencial narrativa del supuesto fraude electoral impulsada por Gustavo Petro se desplomó frente a la realidad de unas elecciones ampliamente vigiladas por miles de observadores internacionales y reconocidas como transparentes, honestas, en los cinco continentes.

El pueblo habló en las urnas y el resultado fue inequívoco: Abelardo De La Espriella ganó la primera vuelta con una votación histórica que lo convierte, sin exageraciones, en el fenómeno político más impactante de la década.

Con 10.5 millones de votos y el 44% del respaldo nacional, De La Espriella logró penetrar y anudar en el alma de la Patria. Conectar con un sentimiento colectivo de agotamiento, frustración y decepción frente al desgobierno de Gustavo Petro.

Millones de colombianos sabemos y sentimos que el país retrocedió en seguridad, confianza institucional, inversión, desarrollo económico y gobernabilidad. Y tenemos claro que los mares de sembríos de coca son un gigantesco tapete verde de 350 mil hectáreas. Millones sentimos y sabemos que con Petro en cualquier esquina de cualquier calle nos pueden matar por robarnos los zapatos. O puede explotar un dron o una pipeta de gas. O nos pueden secuestrar.

Y ese descontento encontró en “el Tigre”De La Espriella una figura capaz de capitalizar el rechazo ciudadano hacia el fracasado proyecto político de la izquierda progresista.

Lo verdaderamente disruptivo del fenómeno De La Espriella es que no se apoya en las maquinarias tradicionales que históricamente han controlado la política colombiana. Ya sean de derecha o de izquierda.

No tiene amos ni jefes. No depende de gigantescas estructuras partidistas, no responde a caciques regionale. Ha construido su imagen y candidatura alrededor de un discurso frontal contra la inseguridad y el crimen de las FARC, el ELN, el Clan del Golfo, el Tren de Aragua y miles de bandolas callejeras que azotan el pais. Un discurso contra la descarada y desbordada corrupción de Petro y su bandola progresista. Contra la impunidad, la decadencia del establecimiento político y el comadrazgo con el crimen y el delito.

También hay una verdad incómoda que debo señalarsin rodeos: la división de la derecha y centroderecha impidió que “el Tigre” De La Espriella triunfara en primera vuelta.

Los números no mienten: Sólo es sumar los votos de De La Espriella, Paloma y Fajardo. Con un 55% a favor del “Tigre”, él habría superado ampliamente el umbral necesario de la mitad mas uno para conquistar el poder. De una buena vez habríamos liquidado esto y con tranquilidad nos sentaríamos a ver la Copa Mundo de fútbol.

Alvaro Uribe Vélez y el rancio y politiquero uribismo tradicional aparecen como uno de los grandes responsables de haber impedido el triunfo definitivo de De La Espriella. Con trampa, Uribe impuso a Paloma como candidata del Centro Democrático, partido que con ella a la cabeza y con la complicidad del derrotado expresidente se dedicó salvajemente a atacar y calumniar al “Tigre”.

El mensaje de las urnas fue, sobre todo, un voto de castigo contra el gobierno de Gustavo Petro. Y tambien contra
el reinado de Alvaro Uribe. La ciudadanía percibe y siente un deterioro profundo en la seguridad nacional, un crecimiento alarmante del crimen y el narcotráfico, una pérdida de autoridad del Estado y una economía marcada por la incertidumbre.

En amplios sectores existe la sensación de que Colombia perdió su rumbo. De que vivimos en un país lleno de miedo y sin futuro.

Por eso el discurso de De La Espriella ha encontrado eco cuando habla de recuperar el principio de autoridad y seguridad. De fortalecer las Fuerzas Armadas, restablecer el imperio de la Constitucion y la ley. De enfrentar con firmeza todas las expresiones del crimen organizado.

Su propuesta de mano dura contra los bandidos y de sensato desarrollo económico conectan con una ciudadanía cansada de la violencia, las masacres, la corrupción, la extorsión, el miedo cotidiano y la depravacion -personal y gubernativa- de un presidente que tiene por lema el “todo vale “. Es que vivimos y estamos presos en una Patria ahogada por una pesadilla progresista de nombre Gustavo Petro.

Justamente fue delincuencial la reacción de Petro tras conocerse los resultados. En lugar de reconocer el veredicto democrático, la voluntad popular y llamar a la calma institucional, optó por decir que hubo fraude, sembrar dudas sobre el sistema electoral y seguir incendiando a Colombia. Lo hace cínicamente y sin presentar una sola prueba de las bufonadas que espeta. Ese tipo de discursos son profundamente ofensivos, irresponsables y peligrosos en un país históricamente marcado por la polarización y la violencia política.

Lo que Petro hizo fue decirle a sus hordas de menesterosos y limosneros de la politica que salgan a asesinar a sus opositores y a los seguidores de De La Espriella. El asesinato de Miguel Uribe Turbay así lo prueba.

Resulta contradictorio que el mismo sistema electoral que hoy es cuestionado por Petro haya sido el que validó sus triunfos como concejal, congresista, alcalde de Bogotá y presidente de la República. Las reglas democráticas no pueden ser legítimas únicamente cuando me favorecen, lo mismo que a mi sector político.

Torpemente Iván Cepeda respaldó esa narrativa mentirosa de sospecha electoral que sembró Petro. Más que fortalecer su posición hacia la segunda vuelta, ese camino terminará alejando a miles de votantes moderados que esperan serenidad, autocrítica y propuestas. No violencia y confrontación.

Lo que está en juego el próximo 21 de junio no es simplemente una disputa entre Abelardo De La Espriella e Ivan Cepeda. Para millones de colombianos se trata de decidir si el país continúa por el camino de la corrupción infinita, la destruccion economica, el reinado del crimen y el delito , la radical confrontación ideológica y el deterioro institucional. Es decir, todo lo que es Petro.

O si damos un giro y timonazo político profundo para empezar a recuperar la Patria.

El ascenso político de Abelardo De La Espriella refleja precisamente eso: una reacción de sectores amplios de la sociedad que comprobaron que Colombia se equivocó con Petro. El mas grande error en nuestra vida republicana.

Y que necesita y exigimos un nuevo y esperanzador cambio . Su candidatura ya no puede interpretarse como un fenómeno marginal ni mediático. Es, hoy por hoy, la expresión electoral más contundente del rechazo al petrismo.

La segunda vuelta definirá mucho más que un gobierno. Definirá el tipo de país que Colombia quiere ser durante las próximas décadas.

Por lo tanto hay que seguir ¡Firmes por la Patria!

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