El aumento del salario mínimo no sería el principal responsable del comportamiento inflacionario en Colombia. Así lo aseguró César Giraldo, codirector del Banco de la República, quien cuestionó la narrativa que cada año responsabiliza a los trabajadores por el alza de precios.
En una columna publicada en el portal El Unicornio, Giraldo sostuvo que no existe una relación automática ni directa entre el incremento del salario mínimo y la inflación. Según explicó, la inflación es un fenómeno complejo, atravesado por múltiples variables que suelen ser ignoradas en el debate público.
El economista señaló que los análisis que culpan al salario mínimo incurren en contradicciones internas: por un lado, afirman que mayores salarios elevan los costos y los precios; pero, al mismo tiempo, sostienen que esos aumentos reducen el empleo y el ingreso agregado, lo que debería disminuir la demanda y presionar los precios a la baja. Para Giraldo, esta doble lectura evidencia la fragilidad de ese argumento.
Al revisar experiencias internacionales y nacionales, indicó que en varios países —incluida Colombia en los últimos años— se registraron aumentos reales del salario mínimo mientras la inflación descendía. Estos casos, aclaró, no prueban que el salario mínimo controle la inflación, pero sí desmontan la idea de una relación mecánica entre ambos.
Giraldo insistió en que factores como la devaluación del peso, el nivel de las tasas de interés, la política monetaria, los precios regulados, los problemas de oferta y la inercia inflacionaria tienen un peso mucho mayor en la dinámica de precios que los ajustes salariales.
En el caso colombiano, explicó que la inflación viene bajando por una combinación de mayor producción de alimentos, un dólar más barato, una política monetaria restrictiva del Emisor y controles sobre precios administrados, elementos que —según remarcó— no guardan relación directa con el salario mínimo.
El codirector también llamó la atención sobre el crecimiento de los ingresos laborales informales, que aumentaron por encima del salario mínimo, lo que sugiere que el consumo y la demanda están siendo absorbidos, en buena parte, por la economía informal.
Su conclusión es clara: reducir el debate inflacionario a culpar el salario mínimo no solo es simplista, sino equivocado, y termina desviando la atención de los verdaderos factores que presionan el costo de vida en el país.










